impenetrable en su vacío.
De una entelequia absurda que su significado, sí,
eso que atisbo y va al centro del hoyo
donde la mueca dispersa
un ruido extasiado a su propio silencio
llama
esa ruina,
esa ruina maldita que mira
que guiña en carcajadas atravesando
con un filo estruendoso mi cuerpo pútrido
en el instante que no volverá a hacernos contemporáneas
ahí
en ese paisaje que son sus ojos dislocados
(devorando el discurso)
puedo rebasar su mirada y la mía y
la otra propia que me ve en silencio
cuando todo parece hundido en una sola forma
desatando una necesidad de hurgar con las manos esa grieta en su frente
rígida que olvida la voz con la cual pronunció algo
distinto a las palabras,
con los mismos versos y el mismo compás que lo hace
normalmente pero distinto,
con una mirada sobre otra mirada y el Sí
profundo del corazón hediento a lo imposible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario